viernes, 11 de julio de 2008

Luis Miguel Domínguez, el sheriff de juguete

De vez en cuando nos llegan noticias desde el otro lado del charco que nos ponen los vellos como escarpias. Quien dice de vez en cuando dice casi a diario. Son especialmente divertidas las bonitas historias que se viven en Estados Unidos con cierta asiduidad, fruto probablemente de una paranoia latente y constante y de una pizca, por qué no, de estupidez. Historias que tratan de arrestos surrealistas, interrogatorios innecesarios y hasta de tactos rectales con premeditación y alevosía. O dicho de otro modo, la inseguridad de la seguridad estadounidense.

Una de las últimas caras de esta lamentable e increíble realidad ha sido la del naturalista Luis Miguel Domínguez, autor de documentales como "Fauna Callejera" o "Amazonia: última llamada" y actual colaborador en Cuarto Milenio. Resulta que en Arkansas llevar una chapita de sheriff de juguete encima implica pasar una noche arrestado y en el calabozo por suplantación de personalidad. Sí, detenido por culpa la típica estrella de sheriff de toda la vida. Hay que tener un par de huevos bien puestos señores. ¿Suplantación de qué personalidad? ¿De la de Woody de Toy Story?


El pobre pingüino tampoco se lo explica


Enlace a la noticia completa y pormenorizada en Cadena Ser.com


Si es que no se puede ser más peliculero, por Dios. Desde La Taladradora queremos mandar todo nuestro apoyo a Luis Miguel quien, a pesar de lo sucedido, no guarda ningún tipo de rencor a EEUU. Le honra. Y de paso, el saludo que el naturalista dio a este blog hace unos meses, cuando aún no había sufrido en sus propias carnes la idiotez e ineptitud congénita de ciertos elementos americanos.





Seguiremos taladrando, si nadie nos lo impide.

martes, 8 de julio de 2008

Encuentra las 7 diferencias




jueves, 3 de julio de 2008

Los dentistas, esos entrañables chupasangres

Antes de meternos en harina, un aviso a navegantes. En el caso de pertenecer a este honorable gremio o, en su defecto, ser familiar de alguno de ellos, la Taladradora recomienda no leer más allá de este inocente primer párrafo. No suelo ser benevolente, pero creo que la ocasión lo merece.

Al lío amigos. Todos tenemos un ránking personal y potencialmente transferible de profesiones a las que profesamos cierta tirria. En mi "top 3" particular se encuentran, no necesariamente en este orden, los taxistas, los peluqueros y los dentistas. Todos tienen cosas en común, aunque no lo parezca en principio. Por ejemplo, que los tres te sacan conversación aunque no quieras (o no puedas por el efecto de la anestesia) hablar de gilipolleces. O que los tres tienden a pasar de ti como de la mierda y hacer lo que les pide el cuerpo. Pero los dentistas se llevan la palma.

Ir al dentista es altamente desaconsejable. Yo fui un día a hacerme una revisión rutinaria y no he vuelto. Debo ser de los pocos españoles que no han sido hipotecados de por vida desde la primera visita en el maravilloso mundo de los dentistas. Y aún doy gracias. Una caries, un colmillo que duele un poquillo, incluso un “paluego” de hace dos días en una muela. Todo ello es susceptible de atarte, sin saber cómo, en las tinieblas de la consulta del dentista. Siempre te ven algo que te hace volver a las dos semanas, mira tú qué cosas. Y los Taladradores no creemos en las casualidades. De eso nada.

Hace poco llegó a mis manos un folleto de información sobre diversas prácticas de torturas dentales acompañadas de su precio en euros, torturante a su vez. Y mis ojos, absortos y llorosos, leyeron cosas que me hicieron retorcerme por el suelo de risa y de dolor casi a partes iguales. Al instante entendí que era mi cometido el compartir esta parcela de conocimiento dental con mis queridos y fieles lectores. Vamos allá:


- Limpieza de Boca. Tartrectomía. Ambas arcadas (GRATIS): Bueno, aquí se portan bien. Porque ya que reconocen que te van a dar arcadas, que menos que dejártelo gratis. Correcto.

- Casquillos de metal (10 euros): Por el nombre parece dedicado a excombatientes en Vietnam o algo por el estilo. No obstante, es barato, así que igual merece la pena arriesgarse. Quizá quede bonito y todo.

- Corona metal colada (48 euros): ¿Seguro que seguimos en el dentista? Una corona de metal, caramba. Seguro que Letizia frecuentaba esta consulta. Al menos con lo de colada reconocen que te la están colando. Bien, punto a favor.

- Corona de Zirconio (385 euros): Aquí ya sí que me llevo las manos a la cabeza. ¿Eso existe de verdad? Pero si parece algún objeto mitológico o algo así. ¡La leyenda de Zirconio y su corona mágica! Por el precio, podría serlo, desde luego.

- Composturas (65 euros): Esto debe ser por si la pierdes en la sala de espera. Por los nervios y esas cosas. Si es que los dentistas están en todo.

- Amputación Radicular Terapéutica (29 euros): Hostias. Suena a dolor, sangre e inflamación eterna. Amputación, así de claro y conciso. Al menos no es caro. Lo curioso es que han tenido la deferencia de poner lo de "terapéutica" al final, que parece que suaviza un poco el dramatismo.

- Cirugía a colgajo (37 euros): Aún a riesgo de repetirme, ¿seguro que estamos en el dentista? Mis partes íntimas no están tan seguras.


Esto es lo que te puede pasar si vas al dentista, amigo lector. Por tanto, no lo hagas. Nunca. Aunque tu boca se retuerza de dolor. Aunque escupas sangre. Piensa en que si vas, si te rebajas a ellos, serás su esclavo para siempre. Así que desde este blog pido resistencia, que los dentistas vean que la sociedad puede vivir sin ellos y sin sus aparatitos que hacen ruido, daño y dan grima en general.

Porque antes de que se caguen en nuestras muelas, es preferible que lo hagamos nosotros. En las suyas, obviamente.

miércoles, 2 de julio de 2008

Irreconocible España

Hemos ganado. Mis retinas aún no han asimilado lo que ha acontecido en las últimas 48 horas. Y no, no tengo demasiadas palabras. Hoy la hoja en blanco me da más miedo que nunca. Y me da miedo por dos razones primordiales y de peso. La primera, porque lo vivido este mes de junio ha superado todas las expectativas, incluso los augurios más optimistas. Y la segunda y más importante, porque no tengo más adjetivos que añadir al incontestable éxito de la selección española. Que por fin, y como Hacienda, ya somos todos.

Porque aunque esto podía haberse resuelto de forma catastrófica en los penaltis y ahora estaríamos maldiciendo nuestra suerte como siempre, en esta ocasión no ha sido así. Y hay que recordar que veníamos de una fase de clasificación más que tortuosa en la que estuvimos cerca de irnos de la manita de Inglaterra y con el rabo entre las piernas. Una clasificación en la que España tocaba y tocaba sin demasiado gol, aburriendo a las ovejas, y con un juego ligeramente mejorable. Y una clasificación en la que Aragonés, de forma lamentable en esos momentos, se había agarrado al puesto de seleccionador con uñas y dientes.

Pero con el primer partido y le goleada a los rusos la cosa cambió de forma drástica. Aunque entonces no éramos conscientes. Nos crecimos, y esta vez no encogimos en ningún momento. Firmamos la mejor Eurocopa de la historia al ganar todos los partidos. Conseguimos ser el equipo menos goleado y tener al pichichi del campeonato en nuestras filas. Hicimos que esta Eurocopa fuera la más seguida de la historia en nuestro país y, con las celebraciones de la jornada de ayer, se movilizó a más de un millón de aficionados en Madrid en un ambiente de fiesta sin precedentes. Manolo Escobar incluído.

Por todo ello, esta España que ha aparecido ante nuestros ojos de forma súbita e inesperada es casi irreconocible. Y que dure.

PD: Pudimos

miércoles, 25 de junio de 2008

Un patriota, ¿un idiota?

Lo reconozco: me la suda bastante España. Como concepto. Como nación de nacionalidades y nacionalistas. Como espacio geográfico delimitado con escuadra y cartabón arbitrariamente. Como recipiente de tradiciones de reprobable gusto y moralidad. No, no tengáis miedo, no pienso ponerme a despotricar de mi país como hace Fernando Sánchez Dragó en cuanto se le pone algo a tiro. De eso nada. Es sólo que España para mí no existe. No me siento identificado por una bandera, ni por un himno. No soy de un país. Soy de mi pareja, de mi familia y de mis amigos. Y también soy de mí mismo, que no es poco.

Pero por una vez en mi vida, lo cual me resulta levemente inquietante, me siento semi-orgulloso de pertenecer a este país. Y todo por culpa de once tíos que van detrás de un balón, que decía aquel. Porque ser consciente de que todos los ojos de un continente incontinente están puestos en ti y resolver la papeleta con éxito es bastante satisfactorio. Para ese país con forma de bota, algo menos, pero ya les iba tocando la patada en el culo. Y nunca mejor dicho.

Y además me encanta romper maleficios, sobre todo si son injustos y crueles. A partir de ahora los chistes de que nunca pasamos de cuartos quedan desactivados casi de por vida y contra todo pronóstico. Tantos años sin llegar a semifinales, tantos años sin solventar una eliminatoria en los penaltis. Todo son alabanzas. Sale el sol por Antequera, el Rey celebra las paradas de Casillas, Cuatro la caga con la retransmisión, los pajarillos cantan y las nubes se levantan. Todo es maravilloso. Bueno, casi.

Porque hay algunos seguidores de la selección que no están contentos, aunque pueda parecer extraño. No parece ser políticamente correcto hablar de este tema a estas alturas de campeonato, pero este blog no lo es, así que no importa. Me refiero a esas almas en pena que vagan por Austria (otro país, éste dibujado más al norte del nuestro) buscando consuelo y ganas de vivir llamados "raulistas".

Hay raulistas que se rinden a la evidencia, incluso se puede razonar con ellos. Otros, pertenecientes a la especie más peligrosa, los raulistus recalcitrantis, no se alegran del triunfo de la roja porque Raúl no forma parte de ella. Una lástima. A todos ellos, les dedico las siguientes palabras. La última vez que la selección española llegó a unas semifinales, Raulito no levantaba ni un metro del suelo. Sé que esto puede ser demasiado para vuestros maltratados corazones, pero así son las cosas.

Quedan dos partidos para que termine esta, nuestra Eurocopa, finalice. Pase lo que pase, nos hemos sacudido de los hombros ese olor a naftalina tan molesto acumulado en las últimas décadas. Y eso nos llena de orgullo y satisfacción, como diría Juancar. Pero en este punto se me ocurren varias preguntas. ¿Nos conformaremos con pasar de cuartos considerando que ya habido demasiadas emociones fuertes? ¿He de emocionarme escuchando el himno de España? ¿Llegaremos a la final y nos cagaremos en los pantalones? ¿Por qué los países de África son tan cuadraditos, rectilíneos y encajan tan bien unos con otros? ¿Andorra es de verdad un país?

Las respuestas, al menos alguna de ellas, el domingo como muy tarde.

jueves, 19 de junio de 2008

Hasta los eufemismos

Hoy no vamos a descubrir nada nuevo, pero os propongo echar una mirada hacia el pasado. Un pretérito que algunas veces, y sin que sirva de precedente, sí fue mejor. Porque hubo un tiempo en nuestro país el que hablar no entrañaba un riesgo grave para la integridad física del emisor. Ni tampoco, aunque a día de hoy resulte increíble, una irritación o malestar casi instantáneo en la cándida personalidad del receptor. O receptores, que aún complica más la cosa si cabe.

Hoy en día no puedes permitirte el lujo de mostrar en televisión un puñetero anuncio con un humor menos blanco de lo habitual porque, automáticamente, unas cuantas decenas de sociedades protectoras o clubes de lo que quieran salen de debajo de las piedras. Y, antes de que apenas te percates de su amenazante presencia, saltan a la yugular como perros de presa consiguiendo su propósito: cargarse el anuncio a sangre fría.

Y tampoco está bien visto decir una palabra más alta que la otra. Porque ofender en nuestra ñoña sociedad es tan fácil como decir en voz de alta (o peor, negro sobre blanco) la palabra cáncer. Y no hablo precisamente del horóscopo, gilipollez por cierto bastante más hiriente pero de la que sin embargo nadie parece quejarse airadamente. Ya no digamos mencionar la crisis. O incluso llamar viejos a los viejos. O negros a los negros.

Así las cosas, vamos a charlar un rato. Podría contaros que mi abuela, la pobre, es discapacitada visual. O que mi abuelo murió hace ya muchos años de una grave enfermedad. Perdón. No murió, desapareció. O que, aunque todos lo sabemos menos unos pocos que parecen no querer enterarse, España sufre una desaceleración económica de consideración variable y carácter mundial. O que hay mucha gente con sobrepeso en este país. Y mucha gente de la tercera edad. También llamada edad de oro. Y personas de color. Hasta famosillos que anuncian que cesan temporalmente su convivencia matrimonial. Incluso mujeres que interrumpen voluntariamente su embarazo.

Y fuera de España la cosa tampoco está mucho mejor, que va. En el extranjero los daños colaterales se cuentan por miles a causa de guerras en busca de armas de destrucción masiva.

Y lo que me callo. Y lo que me olvido. Pero, en resumidas cuentas, me tienen hasta los eufemismos.