martes, 27 de febrero de 2007

Oscar 07, o cómo irse a dormir en el momento adecuado

Eran ya las cinco y media. Muy tarde para alguien que tiene que madrugar. O muy pronto, según se mire. El Fauno de Guillermo del Toro, después del estupendo y prometedor arranque, se desmoronó en los 3 Oscars importantes (mejor película de habla no inglesa, mejor guión original y mejor banda sonora). Las Dreamgirls se pusieron pesadas (no, no va con doble sentido) con las canciones de su película. Y qué cojones, que ya tenía sueño. La combinación de estos factores me llevó a la cama sin contemplaciones. Y, tal y como fue el final de la ceremonia, estoy enormemente satisfecho de haber tomado esa decisión. Más vale una retirada a tiempo, dicen.

El caso es que la gala no iba mal. La maestra de ceremonias (Ellen DeGeneres, de gran parecido en muchos aspectos a nuestra Eva Hache) estuvo fantástica, divertida, ágil y con un punto de acidez que se agradeció enormemente. Bromas, buen rollito con la entrega de su “guión” a Scorsese, la foto de Spielberg, y demás gags para poner un tono desenfadado a la velada. Y por su parte “El Laberinto del Fauno” empezaba arrasando con todo. Bien, la noche prometía en el Teatro Kodak (¡patata!)

Pero la cosa fue degenerando, en honor al apellido de la presentadora. El ritmo fue perdiéndose, y mis párpados empezaban a pesar más de la cuenta. Necesitaba cafeína urgentemente, pero mi vagancia me dejó postrado en el sofá, bolígrafo en mano para tomar apuntes.


Ellen DeGeneres, más maja que las pesetas


Al Gore (ganador de dos Oscars por su documental “Una verdad incómoda”), aunque estuvo divertido y cercano al respetable, fue uno de los que contribuyeron a lastrar el ritmo de la ceremonia. El señor Gore se mostró tan agradable y con tantas ganas de agradar que parecía estar en plena campaña electoral. Nada más lejos de la realidad. O eso parece.

Y llegó también el oscar honorífico (o terrorífico, según se mire) al maestro Ennio Morricone. Y digo terrorífico por lo soporíferos que pueden llegar a ser estos galardones a toda una vida (como el sueldo de Nescafé, vamos). Aunque a Morricone se lo perdonamos. Y más con el mal rato que pasó viendo la interpretación de Celine Dion. Pobre hombre, se le veía hasta con ganas de tirarse platea abajo. Luego, Oscar en mano, se le pasó un poco el disgusto.

Pero no todo fueron bostezos, afortunadamente. Salvo detalles y elementos que podían haberse reducido (cuestiones ajenas al cine) o ahorrado directamente, el ritmo de la velada fue en general bastante rápido. Destacaron los agradecimientos breves al recoger los Oscar, eso sí, cortados por música cuando se pasaban de la raya. Y otra sorpresa de la noche fue un grupo de baile (no recuerdo el nombre, mea culpa) que realizaron figuras relacionadas con las películas nominadas detrás de un gran panel blanco y con sus propios cuerpos. Como sombras chinescas, pero en Hollywood. Es difícil de explicar, así que recomiendo a todo el que no lo haya podido ver que lo intente. Además dicen que lo hacían desnudos. Mmm.

A las cinco y media es cuando me rendí, con todo el dolor de mi corazón. Y de pies, que me suplicaban descanso. Y es que llegaban los premios grandes. Esto, en lugar de darme valor para aguantar hasta el final, ejerció el efecto contrario. Tenía un mal presentimiento. Y así fue. Forest Whitaker y Helen Mirren, mejor actor y actriz principal respectivamente. Vale, sin problemas. Martin Scorsese, mejor director. No estoy de acuerdo, pero lo tenía asumido. Pero el shock viene con el Oscar a la mejor película para “Infiltrados”. No me cebaré, aunque no por falta de ganas. Simplemente, y aún reconociendo que la película hasta tiene su punto, muestro mi desacuerdo. Se lo merecían más otros. Pero tocaba hacerle el caldo gordo a Scorsese.

No voy a soltar el recurso fácil de que me fui a la cama para soñar con otros premios, que queda muy cursi. Además no es cierto, soñé con otras cosas. Pero siguiendo con el tema onírico, estoy seguro de que el señor Scorsese tampoco se esperaba esta noche. Ni en sueños.

Si la mejor película del año es un remake descafeinado, es que algo no va bien del todo. La fábrica de sueños necesita un par de arreglillos.

domingo, 25 de febrero de 2007

Oscar, diamantes y polémica

Ya llegan los Oscar. Sí, esos premios del cine que en ocasiones parecen un escaparate de mil cosas que no tienen nada que ver con las películas nominadas y premiadas. Que le vamos a hacer. Hoy vamos a ver como algunos filmes se funden con la realidad. Cuando es el caso de ''Diamante de sangre'', que le ha costado a Leonardo DiCaprio la nominación a mejor actor principal, la cosa es aún más siniestra si cabe.

Esta película, dirigida Edward Zwick y ambientada en la guerra civil de Sierra Leona en 1999, ha venido precedida de una gran polémica. Y es que las empresas que exportan diamantes del continente africano se han visto en problemas. Claro, te hacen una peli taquillera en la que se intenta (y se consigue) sacar los colores a ciertos... intereses, y se te ponen de corbata. Y están preocupados. Pobrecitos. Aunque directamente en muchos casos no vaya con ellos.

¿Y por qué esta preocupación? Ya hemos dicho antes (y no se descubre nada nuevo) que la gala de los Oscar y la alfombra roja es un escaparate acojonante y un desfile de dólares sin igual. Y en Hollywood se lucha con ahínco para que las estrellas luzcan sus joyas. No vaya a ser que pierdan dinero y la sociedad se sensibilize con el tema. Edward Zwick dice, y copio literalmente de Terra Noticias: "Hace poco han pedido a las actrices que lleven diamantes a los Oscar y les dan 10.000 dólares para obras benéficas. Este es un gesto muy obvio y muy cínico. Es importante que se vean motivados para hacer algo por África, pero lo que la industria tiene que hacer es ofrecer un desarrollo sostenible, sin publicidad"

Muy curioso todo esto. Una película que va más allá del celuloide puede tener dos cosas: calidad o potestad para tocar los cojones a los más poderosos. "Diamante de sangre" posee las dos cosas.

Ojo a los aledaños del Teatro Kodak, más que nunca. Hay que contar diamantes.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Alex O'Dogherty da el cante

No conocía esta faceta oculta del chófer borde de Camera Café. Alex O'Dogherty, además de ser un muy buen actor, es un gran cómico-cantautor-etc. No me lo creía hasta que anoche lo comprobé con mis propios ojos. Alex, pese a sus antecedentes irlandeses que se reflejan en su exótico apellido, es gaditano. Su acento desaparece por completo cuando actúa, pero sale a relucir en su vertiente musical. Y es que este hombre tiene mucho arte, y una gracia que no se puede aguantar. Ole.

Hay muchos vídeos rulando por Youtube de sus actuaciones en Noche Sin Tregua (NST), el late-night de Paramount Comedy presentado por Dani Mateo. Tras una dura selección, me he decidido por su tema ''Puta''. Muy profundo. Aún así, insisto, es recomendable ver el resto de canciones. Vamos con el vídeo:



Genio y figura, sí señor. De mayor quiero ser como Alex O'Dogherty. De más mayor.

Seguiremos taladrando (que hacía ya tiempo que no lo decía)

lunes, 19 de febrero de 2007

Martes, Trece y Franco Battiato

Después de un fin de semana de carnavales y sin actividad en el blog, aquí tenemos una nueva entrada que contiene un documento estremecedor. Josema Yuste, de Martes y Trece, imitando como el sólo sabe hacer. El imitado no es otro que el cantautor italiano Franco Battiato.

En el primer vídeo podreís ver la canción original de Battiato, "Yo quiero verte danzar". Ojo a los efectos de sonido y a cierta parte de la canción, que podría sonarle a más de uno. Y hasta aquí puedo leer. En el segundo vídeo, la imitación-parodia de Martes y Trece, que rebautizan a Battiato como Napiatto. Por razones nasales que saltan a la vista. Y al olfato.





Sí, hay veces que la realidad (obviando a Millán Salcedo vestido de pollo y haciendo el baile del robot) supera a la ficción.

¡Grande Battiato!

viernes, 16 de febrero de 2007

Concursos en Cuatro

Parece que los concursos se ponen de nuevo de moda. Pasó la época dorada pero Cuatro, entre otras cadenas, se he propuesto firmemente resucitar este género televisivo. Y lo intenta con varias propuestas, unas más originales que otras. Y digo bien, lo intenta. Seré sincero. He de reconocer que no he visto aún Money, money, así que me centraré en otros dos estrenos.

El primero es el desconcertante Gente de mente, con un nombre absurdo a la par que apropiado. Este concurso, presentado por el actor Antonio Garrido, plantea a los concursantes diferentes pruebas de habilidad visual, memoria, lógica, etc. La inspiración en la fiebre de los ''entrenadores mentales'' de consolas como Nintendo DS es clara, e incluso reconocida por el equipo del programa. Pero el concurso no convence. Por diversas razones.

La primera es el ambiente general, la manera de mostrar las pruebas. Bastante mejorable. El presentador no está mal, pero intenta ser tan original y polivalente que a veces no sabes si va a contar un chiste o se va a levantar a dar una hostia al famosillo que se ha equivocado. Lo peor de todo es que utiliza la fórmula que últimamente se repite hasta la náusea. Concursantes famosos, con más tirón que gente "anónima", y que donan su premio a una organización benéfica. Sí muy bonito, pero ya huele. El japonés que ayuda en algunas pruebas está de más, pero al menos tiene su gracia el hombre. No obstante, habrá que darle tiempo. Si la audiencia es permisiva, claro.

El segundo experimento es Grand Slam, presentado por mi diosa personal Nuria Roca. El concurso consiste en una atractica (al menos sobre el papel) competición entre los mejores concursantes de España. Éste me gustó más que el anterior, con un planteamiento más original y mucho mejor realizado, pero vamos a los fallos que tienen más chicha. Y podemos empezar por uno que me saca de quicio. Joder, ¿por qué tienen que estar todo el rato los concursantes de un lado a otro del plató y sentándose y levantándose de los asientos? Agáchate, y vuélvete a agachar. Parece el corro de la patata, coño. Por otra parte, caemos de nuevo en la tentación de invitar a famosos para hacer bulto en el plató. Bonito plató el de Grand Slam, por cierto. Y además de estar, tienen que hablar y opinar al final de cada prueba, con lo que a veces se repiten más que el ajo.

Esto no es un error en sí, pero me hace mucha gracia. A este programa van los mejores concursantes. Bien. Es decir, los que más dinero han ganado ya. Cojonudo. Entonces, ¿para qué quieren más? ¿No sería mejor invitar a los peores para que puedan ganar algo por fin y no irse con las manos vacías? Una injusticia, sin duda.

Y esto sólo hablando de Cuatro, en las otras cadenas ya ni me meto. Hay de todo. Dentro de nada va a ser necesario un concurso para elegir el mejor concurso.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Recordando al Príncipe Gitano

¡Hola! Amigos del taladro, hoy vengo con ganas de marcha. Tengo una canción preparada de esas que quitan el hipo. El hipo, neuronas y años de vida. Como poco. Todos (o casi) recordamos al Príncipe Gitano y su majestuosa versión de "In The Ghetto", del gran Elvis Pelvis. Pocas adaptaciones pueden presumir de superar al original. Esta lo hace. Es mucho más divertida, donde va a parar. Veamos el vídeo, y leamos parte de la letra de la canción:




An de sno frai
On te colen grei chicago mun
Beibi beidi cahrlis mornis is
In de gueto

An de hers mama crai
Cos en ninfi uan shinoshidoni
Mordi en di engri monflin
In de gueto

Wed de vuelten
An de uelguen jei kiliti wu ui reni
Brus prissis tu ruiti wai brus
In de gueto


Qué arte tiene este hombre. ¿Nadie le dijo que su pronunciación era mejorable? ¿Cómo pasó los castings? ¿Será sordomudo? Preguntas a las que nunca podremos responder.

Seguiremos taladrando tímpanos.