lunes, 5 de marzo de 2007

Restaurantes chinos

Este fin de semana comí en un restaurante chino. Y he de decir que cada día me sorprenden más. Una cuestión a tener en cuenta es el nombre del propio restaurante. Como casi todos están ya cogidos, pues cada vez ves nombres más absurdos. Pero hay clásicos que perduran. Sin ir más lejos, solo en Madrid, hay 236 restaurantes ''gran muralla china''.

Lo primero que te encuentras al llegar es un chino dándote la bienvenida tan efusivamente que parece que quiera meterte dos hostias. Ahí ya te empiezas a acojonar. Pero es que luego llegan 4 o 5 más igual que él y también te saludan. Por un momento, que coincide cuando casi te hacen pasillo, piensas que te confunden con alguien de la mafia china o algo así. Vamos, no te tiran pétalos de loto de milagro.

Luego tomas asiento. Si encuentras, claro. Porque los restaurantes chinos casi siempre están llenos. Vamos, ni que la comida fuera buena. Que buena es, lo que no sabemos con seguridad es si es sana. Depende de si la rata lo estaba o no. Pero si consigues sentarte, ya es un motivo de celebración. Y, a los cinco segundos de poner el culo en la silla, sin casi darte tiempo a ver lo que vas a pedir, ya tienes un chino dándote gritos en el oído. Otra cosa no, pero escandalosos y eficientes lo son un rato. Demasiado, yo creo. Ambas cosas. Y pides la comida, que era a lo que venías. Y con los posibles platos a elegir llega el despelote total.

Sí, porque cada uno es más imaginativo que el anterior. Tenemos por un lado el clásico arroz tres delicias. Vale, ¿pero el arroz mil delicias qué coño es? ¿Alguien se cree que tiene mil cosas ahí dentro? ¿A quién pretenden engañar? Y también está la sopa de aleta de tiburón. Joder, otra cosa igual. A mi que me enseñen el tiburón sin aleta, porque esto parece la sopa de mi abuela, pero de color gris. Y tampoco hay que olvidarse de los platos con nombre exótico, como por ejemplo''pato oriental en salsa zen''. Sí, hay que tener un par de huevos para decidirse por este. O poco apego a la vida. Pero lo peor no es pedir la comida, sino el momento en que te la sirven. Y es que hay un pequeño dilema: los chinos no distinguen entre primer y segundo plato. La consecuencia de esto es que te traen todo a la vez, originando un grave problema de espacio, y obligándote a comer el arroz sosteniendo los tallarines ardiendo con la mano izquierda y las setas con el hombro. Vamos, todo un circo. El del Sol, sin ir más lejos.


Uno de estos hermosos parajes


Y ya puedes ir rezando para que el restaurante tenga pan normal, del nuestro de toda la vida, porque el pan chino es una tortura (china). Un solo trozo de este pan, que en realidad es un puto bollo grasiento, equivale a tres platos de pollo agridulce. Una bomba de relojería que hay que evitar en la medida de lo posible. Mientras comes, o lo intentas, en ocasiones hay un chino que se pasa por la mesa gritando: ''¿todo bueno todo bueno todo bueno?'' Y tú, con la boca llena le dices: ''Si si, de puta madre''. Aunque no sea verdad, lo importante es que no te den la comida.

Pero cuando crees que todo ha pasado ya, aún quedan sorpresas inesperadas. Viene el chino de los postres y te pilla rebañando el plato con el dedo. Claro, no había pan normal. Y despues de los postres llega el momento clave: los cafés y el licor de lagarto. Nada que ver con el jabón del mismo nombre, ojo. En este punto hay que asumir una cosa. Aunque no te apetezca, vas a tener que probar el licor de las narices. Polque es de dlagón y está muy lico, lico lico. Así que o café y licor, o licor. Pero como quieras café y punto, estás jodido. Los chinos son insistentes por naturaleza.

Lo mejor es cuando vas con niños pequeños, porque los jodíos se ponen cariñosos y les hacen regalitos. Eso sí, los cogen de la tienda de al lado, de la tienda de los 20 duros. No se rompen los cuernos, no. Y además son regalos traumatizantes. Muñecos horteras o cochecitos para los niños, y espejos de color rosa chillón-estalla-córneas para las niñas. Y todos tan contentos.

Pero a pesar de todo sigo repitiendo en estos entrañables lugares, llenos de sabiduría gastronómica. Vale, en parte es por miedo a posibles represalias, pero lo importante es que vuelva, ¿no?

Seguiremos taladrando.

PD: Si os ofrecen palillos chinos, aunque insistan, aunque salga el jefe chino metralleta en mano, negáos en redondo. Es mejor la muerte que intentar comer con eso.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajajaja:)))))))))

muy divertido y descriptivo

Anónimo dijo...

menuda ciudad de m. la tuya que el ayto. permite que se sirva rata de comer. creo que te has pasado 3 pueblos con "la gracia" que no resulta nada graciosa.

Sledg3hammer dijo...

Hombre, lo de la rata es broma, claro. Una simple licencia. No hay que tomarselo al pie de la letra : p

Saludos!

Anónimo dijo...

Extraordinario sentido del humor y portentosa perspicacia la del Sr. Anónimo.

Anónimo dijo...

Por cierto, la foto del restaurante "Tan dao vien...de comer" está trucada?

Sledg3hammer dijo...

Pues la encontré por ahí, de manos de un tal Google. Y no parece un montaje, aunque quien sabe.

Saludos.

Donhurtado dijo...

xD Muy bueno. Relacionado con los "regalos", en algunos chinos, dependiendo del dinero que te gastes en comer, te dan unos cupones de puntos canjeables por cosas del "Todo a 1 euro".

Anónimo dijo...

Hay uno en legazpi, en Madrid, que el 90% de los comensales... SON CHINOS.
¿Cuando has visto a un chino comiendo en un 'chino'?

Se come de muerte y no se parece en nada a los chinos tipo 'BulguelKin'

Sledg3hammer dijo...

Pues sí, es cierto, pocos chinos comiendo en restaurantes he visto yo. Curioso. Habrá que ir.

Anyway, aunque el texto tenga un poco de mala leche, he de decir que comer en los chinos me encanta. Una de mis debilidades : D

Saludos!